En la dura partida que Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón están celebrando por el control de Caja Madrid, la parte que representa al alcalde y también a los impositores e independientes moderados, que desde dentro de la Caja lidera Miguel Blesa, ha respondido ayer con un enroque inicial a la más que agresiva apertura de las huestes de Aguirre con la que pretendía darle a Gallardón el inocente "mate del pastor", aprobando una ley en la que prácticamente se entrega todo el poder de la Caja a la Comunidad de Madrid, que tiene efectos retroactivos inconstitucionales y que devalúa de una manera malintencionada el nivel de representación del Ayuntamiento de la capital. Pues bien, el Consejo de Caja Madrid -con la abstención del PSOE, un misterio a dilucidar- ha decidido convocar de urgencia la reunión de la Comisión de Control para cesar a su presidente, el "aguirrista" Pablo Abejas, y para continuar con el proceso de renovación de cargos de la Caja, incluida la presidencia de Blesa, siguiendo la iniciativa comenzada en el pasado otoño de acuerdo con la legislación entonces vigente, lo que pone en entredicho la pretensión de la nueva ley de cajas en Madrid, aprobada por la Asamblea de Madrid, y entrada en vigor el pasado primero de enero del presente año.
Así de altas están las espadas en el tablero madrileño del PP, mientras que el líder del partido, Rajoy, que, al parecer y en privado, apoya a Gallardón mientras en público Cospedal habla de neutralidad, se fuma un Cohiba y hace aros olímpicos con el humo del cigarro como si la cosa no fuera con él, que si que va, porque como Aguirre consiga el control de Caja Madrid la presidenta madrileña no sólo va a "engrasar" a los medios informativos nacionales afines al PP que ya controla, sino que va a desplegar el poderío financiero de la Caja madrileña por todo el territorio nacional, empeñada como está la doña en hacerse con la presidencia del Partido Popular.
Entre otras cosas, porque las primeras encuestas electorales que circulan sobre la Comunidad de Madrid ya no le garantizan a Aguirre una victoria electoral, sino más bien una derrota. Y buena culpa de ello tiene la propia Esperanza por la fama de agresiva y ultraconservadora que durante los pasados meses se ha fabricado, a pulso, en Madrid y en toda España, y aquí incluidas las bases del PP en todo el país, donde Aguirre aparece en pésimo lugar frente a su competidor Gallardón, como revelaba la última encuesta del diario
El Mundo
sobre dirigentes del Partido Popular. Esto lo sabe Rajoy, que dice a sus íntimos que él juega su batalla interna del PP a largo plazo, y que espera el momento propicio para cazar a Aguirre en su cubil (puede que espere el informe secreto sobre el
Boletín de la Comunidad
que alguien está elaborando). Pero, de momento, la presidenta madrileña le va ganando por la mano, como quedó en evidencia el día que Aguirre fue por su cuenta y riesgo a la Moncloa a negociar con Zapatero la financiación de la Autonomía de Madrid.
En cuanto a la partida de Caja Madrid hay que estar muy atentos a ver qué es lo que hace Rajoy. Porque si es neutral en la reyerta como dice Cospedal -la secretaria general del PP, lo primero que debería hacer es sacar a su compañero del alma, Ignacio López del Hierro, y amor fraternal de la Caja de Castilla-La Mancha, donde ella lo colocó con lamentable promiscuidad-, el presidente del PP debería aceptar e incluso animar a Gallardón a que, en defensa de los intereses del Ayuntamiento de Madrid -cuya representación se ha visto devaluada arteramente en la nueva ley de Aguirre- recurra la ley bien ante la jurisdicción ordinaria o incluso ante el Tribunal Constitucional.
Pero sigamos con la partida de ajedrez. Aguirre saca la ley, en pos del mate del pastor, Blesa hace caso omiso y se enroca buscando el cese de Abejas, y llega el gordo Beteta, paladín de la Puerta del Sol, y lanza una amenaza en contra de los consejeros y administradores de la Caja, a los que anuncia sanciones y petición de responsabilidades institucionales y ¡personales! si no aplican la ley en vigor. Es decir, si no reconducen el proceso electoral de los órganos rectores de la Caja a la nueva legislación, entregando a Aguirre todo el poder del cuarto banco nacional, al que la presidenta madrileña no deja de zarandear en medio de la crisis financiera, poniendo en entredicho su prestigio y estabilidad.
El ataque personal de Beteta/Aguirre ha sido un jaque en toda la línea, un torpedo para poner a prueba la entereza de los gestores y consejeros de la entidad (adivina, adivinanza, ¿qué harán los consejeros del PSOE y otros colectivos ante semejante amenaza?). Bueno, está claro que Aguirre juega a gran velocidad, quiere una partida rápida, porque considera que el tiempo es crucial para su estrategia, y teme el recurso del Ayuntamiento e incluso que un juez, si ella abre la puerta sancionadora, pida la intervención del alto Tribunal Constitucional, con lo que podrían producirse unas tablas de larga duración, dejando, de momento, las cosas tal y como están. ¿Cuál será el próximo movimiento en este tablero infernal que tiene al PP patas arriba? (Continuará).