Las Fiestas han destapado el único efecto benéfico de la crisis. A menos dinero, menos mensajito insulso al móvil. Y eso que este año he recibido uno ingenioso: ?Feliz 2010, y que 2009 pase cuanto antes?. Los españoles, unos pocos con humor, nos preparamos para pasar un mal año económico que agravará nuestros problemas endémicos, profundos y de casi imposible solución. Nuestro vicepresidente del Gobierno, no obstante, pronostica que 2009 será un buen año. En Moncloa la consigna es ser optimista aunque la mierda nos llegue al cuello.
La pasada Nochevieja vi un magnífico número cómico en La Sexta. Buenafuente y su equipo montaron una parodia de Esperando a Godot donde los dos infortunados protagonistas de la obra de Samuel Beckett esperaban ?el plan de rescate?. Por allí pasaban dobles de Zapatero, Solbes y Aguirre para decir que el plan llegaría ?mañana?. Genial número que criticaba nuestra realidad y la nula acción de nuestros políticos ante nuestras carencias y necesidades.
Buenafuente hizo su labor. José Luis Rodríguez Zapatero, mientras tanto, continuaba con su camino ajeno a cualquier realidad y negociaba ?o daba las últimas pinceladas a su propio plan? con las Comunidades Autónomas el cómo se financiarán éstas a partir del 1 de enero que, por cierto, ya ha pasado. Plan retroactivo que, sin entrar en su fondo, se aprueba a espaldas del Parlamento y muy poco después de que éste aprobara unos Presupuestos Generales que, unánimemente, ya entonces se consideraban obsoletos. Con la nueva financiación autonómica, ¿no es esta ley presupuestaria papel mojado? ¿Realmente es el momento de negociar cosas de dinero cuando la economía hace aguas? ¿Hasta dónde nos llegará la caca con el déficit público que se avecina? ¿Por qué no se hacen estas cosas de cara al público para que nos enteremos de qué dicen Zapatero, Montilla, Aguirre y demás presidentes de taifas?
La crisis económica ya está aquí. Y, como dicen todos los foros internacionales y nacionales menos los dependientes de Ferraz, va a ser larga y especialmente dura en España por nuestros problemas estructurales y baja productividad. De momento, aquí el paro dobla al resto de la UE y tiene pinta de que pronto la triplicará. Aun así, tanto el Gobierno central como los autonómicos ?¡tanto gobierno para tanto desgobierno!? están más a lo suyo que a lo que nos atañe a los ciudadanos, característica española tan antigua como la propia península. El casco de la nave Estado, así, se resquebraja mientras la Sociedad mira a otro lado y piensa, algún día, en comprarse un flotador con el que sobrevivir al naufragio. Los bancos, a su vez, se hacen los suecos mientras silban algún réquiem por sus allegados víctimas de los negocios sucios que han significado la causa última de la crisis.
El problema es que, después del análisis de los últimos días de 2008 y primeros de 2009, no se ven soluciones en lontananza. Estamos en manos de unos profesionales de la política que no tienen el más mínimo interés por sus gobernados. Quieren más poder y más dinero. Nada más. Zapatero, presidente nuestro, optimista a ultranza, ciego entre millones de tuertos, es el principal ejemplo de este modo de vida, aunque él privilegia el poder al precio que sea. Es capaz, incluso, de regalar dinero a los barones caciquiles aunque el principal perjudicado del reparto del botín vaya a ser el propio Estado que él gobierna (?).
Enfrente se encuentra esa Sociedad atocinada, tan aficionada a la molicie y completamente desinteresada de los asuntos políticos. Somos un país escasamente democrático, sometido a una partitocracia despótica, porque los españoles no ejercemos como ciudadanos. Cierto es que la alternativa a Zapatero no es lo que se dice entusiástica, pero estamos hablando de temas más serios que la simple alternancia en La Moncloa. Hija de una Constitución menor, la sociedad española es incapaz de reaccionar ante los despropósitos de nuestros regidores y aceptamos, entre la resignación y la afiliación ?a la contra?, un status quo que, en casos de necesidad como el que sufrimos, es capaz de arrastrar nuestro país a la cola de esa Europa que tanto nos ha dado y de la que, evidentemente, dependemos... hasta que nos dejen.
Sin embargo, el año pasado ha sido considerado un triunfo por el Gobierno por la silla en el G-20 y las campañas tiránicas de la DGT. Eso aunque la delincuencia común crezca preocupantemente, las cifras macroeconómicas hayan destapado la mentira del milagro español y seamos un Estado de Derecho sin imperio de la ley, valga la contradicción. Claro que como van las cosas en Palestina y entre Pakistán y la India todo esto que digo tiene poca o ninguna importancia.
Ojalá me equivoque y éste sea un buen año para todos. Feliz 2009.
dmago2003@yahoo.es