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3 noviembre 2008

Número 3.685 Año X

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LAS PESQUISAS DE MARCELLO

Aznar, presidente de la República

Marcello

Cuando esperábamos un acalorado artículo del director de ABC en defensa de la Reina Sofía y de su desafortunado libro, el tal Expósito se fue al Congo para ver al negro que cogen los herederos de Lumunba en Katanga y lo hacen mondongo. Pero no se ha atrevido, o está en contra del libro de la "suburbano", que, se diga lo que se diga, le ha chafado el cumpleaños a la soberana por culpa de la imprudencia soberana, aunque, justo es decirlo, Doña Sofía acumula, en sus setenta años, demasiadas cosas buenas como para que este sonado error las pueda borrar. Pero, a partir de ahora, chitón y a disimular.

En fin, una de las revelaciones o de las confirmaciones del libro se refiere a las malas relaciones de Aznar con la Casa Real, una vez que la Reina viene a hablar de su gesto antipático y serio. Vamos, que Aznar les caía gordo y el Rey y la Reina no se llevaban bien con él, y viceversa. Por ejemplo, como cuando dijo aquello de que no tocaba un viaje del Rey a Cuba. En realidad, los Reyes y los Príncipes, con los que se llevan muy bien -o al menos así lo procuran- son con los socialistas y con los nacionalistas (por eso hablan idiomas de provincias), porque creen éstos que son los que los podrían echar y traer en España la República. Los soberanos piensan que los del PP son monárquicos ciegos y furibundos, y que, por eso, no hay que hacerles caso. Y se equivocan, porque todas las revoluciones siempre las hicieron los burgueses, y porque si la Reina y el Rey, como se desprende del librito de marras, añoran tanto a González y Guerra, pues un día de éstos se van a encontrar de frente con Aznar. Como también se lo podrían encontrar de frente en el PP si Rajoy no se agarra pronto del brazo de Gallardón para salir del impasse en el que vive, a pesar de que Zapatero -convertido en paladín de la Reina y proveedor de fondos para los banqueros- está cada día más perdido y desbordado.

Pues sí, estamos seguros que a Aznar le encantaría ser el presidente de la III República Española, y si hace tanto ejercicio para mantenerse en forma es para algo así, y no sólo para presumir ante las chicas o para borrarse el complejo de estrecho de pecho que en su juventud le impidió hacer la mili. A Aznar hay días que se lo llevan los demonios escuchando a Zapatero o a Rajoy -cuando dijo lo del "coñazo" del desfile-, y es propicio a meterse en todos los charcos que encuentra como un niño malo, y convencido de que lo importante son los principios, los valores y no tener complejos.

Lo de la derecha sin complejos es lo que más le gusta, y un día dice que la crisis de las finanzas no viene de los especuladores financieros sino de los fallos de los Estados por no controlar, otro día insiste en que la guerra de Iraq -que a España le costó 192 muertos en Atocha, y al PP las elecciones del 2004- estuvo bien hecha y que él volvería a las Azores con Bush y con Blair, y recientemente se ha tomado a cachondeo el cambio climático para la desesperación de su partido, que ya tuvo que corregir aquello del primo de Rajoy.

Lo de Aznar es, un poco, como lo de la Reina. Los dos tienen su derecho a toda la libertad de expresión que quieran, pero también a recibir los palos que se merezcan. Con el agravante de que Doña Sofía daña a la Corona por decir en público lo que todos sabemos que piensa, por el cargo que ostenta, y Aznar daña al PP por presidir FAES, que es la fundación oficial del PP, lo que hace que los adversarios de Rajoy le apunten a este partido todo lo que hace y dice Aznar. Por ello preguntamos: ¿debería Aznar dejar FAES? Por ejemplo, que Aznar culpe al Estado de la crisis financiera, cuando a la vez es consejero de un fondo especulativo de las Islas Caimán, es un sarcasmo y una prueba más de la contradicción en la que vive. Y de la que sólo saldrá cuando decida dar un paso al frente de verdad, o cuando declare en público, por ejemplo en ESTRELLA DIGITAL, que la presidencia de la República será su destino en lo universal.


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