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3 noviembre 2008

Número 3.685 Año X

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Santones y pronósticos cantan: Obama, Obama

Mariano Tolkachef

Un psiquiatra neoyorquino afirma que muchos de sus pacientes que votan demócrata viven jornadas de especial nerviosismo. El noventa por ciento de ellos le hablan con angustia de la posibilidad de que, una vez más, a pesar de todos los pronósticos, Obama pierda las elecciones y se queden otra vez con la miel en los labios.

Si nos guiamos por las encuestas eso no va a ocurrir. Desde hace una semana todas, las del New York Times, Gallup, Los Angeles Times, CBS... dan vencedor a Obama. La media de ellas le otorga una ventaja de 6,30 puntos. A primera vista, y a tres días escasos de la votación, algo insuperable. Se objeta que no es la primera vez que los encuestadores se equivocan. Reagan barrió a Carter con pronósticos contrarios pero el vuelco lo dio en doce o trece días, no en tres jornadas.

Otro dato apunta a la histórica victoria de Obama: las encuestas señalan que vencerá en el computo global, lo que dado el sistema electoral estadounidense podría no bastarle para ser presidente, Bush llegó a la Casa Blanca con el 48% de los votos frente al 48,5% de su rival, pero, además, se va adelantando en las individuales de todos los Estados basculantes en que normalmente se decide la elección. En Florida tendría una ventaja del 4,1%, en Virginia del 7% y en el trascendental Ohio, que vota normalmente con el vencedor, del 5,6%.

En el campo republicano, donde se repite sin cesar inevitablemente que las encuestas no ofrecen la realidad, hay un cierto nerviosismo. La oleada Obama y el desprestigio de Bush podrían llevar a una debacle legislativa con avances demócratas tanto en el Senado, que renueva un tercio de sus miembros, como en la Casa de Representantes, que se renueva entera. Aunque aún contenidas, empiezan a surgir las recriminaciones, y la más significativa de ellas es la referida a Sarah Palin. Varios santones republicanos creen que, en realidad, ha restado fuerza a la candidatura. Sirvió para enardecer a la base dura del partido pero para enajenar a algunos moderados y, sobre todo, se dice, ahuyentó a los independientes e indecisos. Su futuro político, en cualquier caso, a no ser que el descalabro fuera masivo, no acaba aquí.

Mientras, Obama, hijo de una pareja negro-blanca, matrimonio que, pocos años del realizado entre sus padres, unos 30 Estados del país no habrían permitido, no pierde la calma que lo caracteriza, lo que le hace parecer más presidenciable. Sigue llenando estadios, normalmente con el doble o triple de gente que su rival, y cuenta en su fuero interno las horas que faltan para que, si las encuestas no mienten, entre revolucionariamente en la historia de Estados Unidos: una persona de color en la Presidencia de un país donde hace cuarenta y tantos años los negros sufrían discriminación legal, escuelas, autobuses con zonas diferentes, en abundantes partes del país.


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