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3 noviembre 2008

Número 3.685 Año X

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Elecciones americanas y expectativas españolas

José Javaloyes

No parece que esta ocasión sea fiasco de las encuestas (reedición, por ejemplo, de aquella imprevista victoria de Truman). La ventaja de Obama y los fundamentos expresos de ella auguran la correlación entre lo que se predice desde los sondeos y el saldo que arrojen las urnas de mañana: corrida en pelo a favor de los demócratas, tanto en la Casa Blanca como en las dos Cámaras de Washington.

Son demasiados los errores, y catastróficos los resultados en su gestión, del presidente que se va, tantos y tan desafortunados, como para que aquel que le quiere suceder desde el partido opuesto -el "espigado" Obama, que dice el gobernador de California, Arnold Schwazenegger- llegue a esta víspera de las votaciones sobrado de atractivos y aupado por los mejores augurios. Tan es así que incluso parece no importar que el presidente Rodríguez haya expresado sus preferencias por el candidato demócrata. El nimbo de victoria que envuelve a éste puede incluso conjurar el mal fario inherente a tan singular apostador y peculiar profeta contra lo que siempre suele salir o acontecer.

Tan claro parece eso como que, para las expectativas españolas -desde el prisma del actual Gobierno-, los resultados del escrutinio no traigan de la mano un cambio inmediato y suficiente de las relaciones bilaterales. Cabe apreciar, incluso, que para la pésima sintonía actual puede ser irrelevante el resultado de las urnas y el color étnico y político del nuevo huésped de la Casa Blanca.

Nos convendría quizá a los españoles que fuera así, pese a que fuera un puntapié lanzado contra nuestro trasero colectivo, pues acaso aprenderíamos así a evaluar los costes de darle el poder a incompetentes y demagogos.

Dos géneros de asuntos son propios de las naciones serias, respetables, y de las democracias maduras. Uno es el normal consenso de los grandes partidos sobre los grandes temas y las referencias capitales de la política exterior, lo que hace que la acción y la orientación de su diplomacia no resulten afectadas por el alternante ejercicio del poder. Y otro, que el debe y el haber de los otros gobiernos en sus relaciones, para los temas de mayor cuantía, son contabilizadas y entendidas igual por el Gobierno que por la oposición.

Existe un mismo patrón y una idéntica medida para quien ayer fue oposición y hoy es Gobierno. Republicanos y demócratas hacen las mismas cuentas.

Pasarán las elecciones de mañana y restarán pocos días para que los del G20 se reúnan en Washington. Y aquello que suceda entre el 4 y el 15 de noviembre sobre la pretensión del presidente Rodríguez dará le medida de hasta dónde puede existir o no existir condonación de la deuda española, estúpidamente contraída, con la historia de la sentada del secretario general del PSOE al paso de la bandera norteamericana, y los posteriores episodios con la guerra de Iraq: retirada intempestiva de las tropas españolas y aliento en Túnez para que los demás aliados hicieran lo propio con las suyas. Tales son las claves para el G20 y lo que venga después. Gane quien gane mañana.


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