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3 noviembre 2008

Número 3.685 Año X

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DESDE ESTRASBURGO

Vísperas americanas

Josep Borrell

Imposible hablar de otra cosa que de las elecciones en EEUU en este fin de semana durante el que Obama y McCain exponen sus últimos argumentos con la crisis económica como gran telón de fondo.

La crisis será probablemente el factor decisivo del resultado. El martes, el índice de confianza de los consumidores americanos tocó fondo en el nivel más bajo de los últimos 30 años y el PIB del tercer trimestre retrocedió el 0,3% con respecto al trimestre anterior. Paradójicamente, las bolsas mundiales rebotaron en su vertiginosa caída a plomo. En particular, Wall Street tuvo el mismo martes la segunda mayor subida de su historia. Pero la ya inapelable contaminación de la crisis financiera a la economía real anuncia tiempos muy difíciles y el martes los americanos tienen que elegir al presidente más capaz de hacerles frente.

En realidad, estas vísperas americanas son más largas de lo que parece. Al presidente de EEUU no se le elige el próximo martes, 4 de noviembre, sino el 15 de diciembre. El martes se eligen los 538 grandes electores y el futuro presidente será el candidato que reúna, en votación secreta, al menos 270 de sus votos.

No es por sufragio universal directo que los americanos eligen su presidente, sino a través de un sistema de delegados de los Estados. Se trata más bien de unas elecciones locales a escala nacional en las que cada Estado tiene tantos delegados como la suma de sus senadores y congresistas. Y no hay proporcionalidad alguna entre el voto popular y el número de grandes electores que obtiene cada candidato. Primero, porque aunque el número de congresistas depende de la población, y varía entre 1 para el Estado menos poblado y 53 para California, cada Estado tiene el mismo número de senadores. Y, sobre todo, porque el sistema de winner take all hace que el candidato que gana en un Estado, aunque sea por 1 voto, se lleve todos los "grandes electores".

Por ello, es posible que el candidato con mayor número de votos populares no tenga 270 votos de delegados. Y por eso la atención se centra en los Estados donde una pequeña diferencia en votos puede producir un cambio importante en el total de delegados.

Ohio es uno de esos Estados. En él, más que en ningún otro, se decidirá la victoria que ahora las encuestas dan a Obama. Por eso el candidato demócrata ha pronunciado allí uno de sus últimos discursos claves, cuyo contenido es tan importante como las reacciones que ha producido en McCain.

En Ohio, Obama insistió en presentar a su oponente como un clon de Bush en materia económica, incapaz de proponer nada distinto de las recetas que han llevado al desastre. Para McCain, Obama es el más "peligroso liberal" (en el sentido americano de izquierdista) que nunca haya pretendido la Presidencia. Le califica de "Obama el Redistribuidor", porque en unas declaraciones el candidato demócrata lamentaba que el reconocimiento de los derechos civiles de los negros no hubiese llevado consigo una mejor distribución de la riqueza.

Pero la cuestión de la distribución de la renta, en un país donde la concentración de la riqueza en manos del 1% de la población ha aumentado hasta los niveles de hace 60 años, es una cuestión que afecta cada vez más a unas clases medias debilitadas y esos ataques de McCain pueden acabar favoreciendo a Obama.

En realidad, Obama impacta por su personalidad y su carisma, pero en el fondo es un centrista situado en la tradición demócrata. Sus ideas sobre fiscalidad son de lo más clásico y sus proyectos de protección social, en particular en el campo sanitario, uno de los grandes temas de esta campaña, los hereda de J. Edwards y H. Clinton, por no remontarse a H. Truman o a L. B. Jonson, que fue quien implantó los sistemas Medicare y Medicaid.

Obama es especialmente innovador en materia de energía y cambio climático. Puede ser el primer presidente americano que se lo toma en serio, partiendo de la prioridad que los americanos dan a su independencia energética. Su programa de desarrollo de las energías alternativas, que deja pequeño al europeo, propone crear 5 millones de empleos. Su plan de "rescate verde" arrancó en Ohio tantos aplausos como sus propuestas fiscales o su National Infraestructure Investment Bank para financiar la renovación de las infraestructuras de transporte, que están que se caen. O su Employer Patriot Act para incentivar a las empresas americanas a no deslocalizar sus actividades.

Todo muy intervencionista, bien alejado del ultraliberalismo de Bush, y en el estilo keynesiano que los tiempos reclaman. Pero la dificultad será la financiación de esos proyectos en un país que está entrando en recesión y con una hacienda pública agotada por la guerra y las bajadas regresivas de impuestos.

Pero en materia de valores sociales, relativos por ejemplo a la pena de muerte o el papel de la religión, Obama esta más cerca de McCain que de una visión europea. Obama pertenece a la sociedad americana y sabe muy bien que, aunque la Constitución separa la Iglesia y el Estado, en la práctica hay una intensa relación entre religión y vida pública. Y no quiere ni puede acumular más hándicaps electorales a los de su condición étnica.

Tampoco en política exterior merece Obama ser considerado un radical sino más bien un realista. Se opone a la guerra de Iraq porque la considera un gran error estratégico cuando habría que haber concentrado todo el esfuerzo en Afganistán. Y es tan partidario como McCain de que Georgia entre en la OTAN, en contra de la opinión de la mayoría de los europeos.

Pero de nuevo su personalidad atípica, mestizo con una abuela en Kenia y una hermana indonesia casada con un chino canadiense, bien alejada del estereotipo del blanco anglosajón millonario, puede hacer cambiar radicalmente la visión que el resto del mundo, sobre todo el mundo pobre, tiene de EEUU.

En estas vísperas americanas las cosas parecen claras, pero ante una campaña de McCain basada en los factores identitarios tradicionales de la sociedad americana y una de Obama centrada en la respuesta a la crisis económica, lo que de verdad decidan las urnas demostrará cuáles son las motivaciones profundas de los norteamericanos.

josep.borrellfontelles@europarl.europa.eu


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