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06 octubre 2008

Numero 3.686 Año X

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Cambiar los modelos

Ignacio del Río

Los miembros/as del Gobierno nos repiten continuamente que hay que cambiar el modelo económico. Que no podemos seguir basando nuestra economía en el ladrillo y el consumo. Así lo proclama Solbes, cada vez más instalado en su papel de Buda peripatético y contemplativo, mientras sigue sobrevolando la escena política montado en una escoba que rezuma escepticismo e ironía. Su penúltima declaración, "Europa no puede dar una respuesta unificada a la crisis bancaria porque tardaría 20 años en tomar la decisión", es un auténtico ejercicio de humor y de reconocimiento del paisanaje que circula por la política. Si se le pusiera un transmisor a sus pensamientos en el Consejo de Ministros y en la sesiones del Congreso se podría escribir una obra a medio camino entre Muñoz Seca y Los Roper.

El enterramiento, sin funeral del sector promotor y de la construcción, que no ha piado mientras le caían y le caen chuzos de punta, acusándoles de corruptos, ventajistas y timadores, demuestra la débil organización empresarial que ha estado más próxima al ejército de Pancho Villa y al sálvese quien pueda que a lo que exige su papel en la economía y los recursos que mueve. Un sector que ha hecho ganar mucho dinero a muchos, empezando por los bancos y cajas y siguiendo por las Haciendas públicas, las del Estado, las Comunidades y los Ayuntamientos, que se han nutrido de los impuestos múltiples y diversos que recaen sobre el urbanismo y la edificación. Tan bueno y fácil era el negocio que algunas cajas se han dedicado a participar en el negocio compartiendo sociedades con los promotores para que su beneficio no fuera el normal de la intermediación financiera sino la tajada del promotor.

Mientras, los Gobiernos autonómicos han subido impuestos y valoraciones y los Ayuntamientos los suyos y las tasas por licencias, sin que nadie se preocupara de simplificar y agilizar los plazos de aprobación de los planes urbanísticos y los tiempos de concesión de licencias. Cuando los vientos han cambiado nadie ha dado la cara. Ni los empresarios, que han aceptado los puntapiés sin rechistar, ni los Gobiernos, que se han apresurado a decir que hay que cambiar de modelo y que ellos no estaban equivocados. Los culpables, el liberalismo urbanístico de Aznar, que nunca se llevó a cabo porque Comunidades y Ayuntamientos no lo cumplieron y el liberalismo financiero de Bush, que no controló Wall Street, pero que nunca tampoco llegó a España.

La paradoja de nuestro país es que el urbanismo y la promoción son el sector más intervenido y fiscalizado y que los mecanismos de control sobre la actividad bancaria y financiera son extensos y constantes. ¿O no están en todas las cajas de ahorro los representantes de los políticos autonómicos? Asentados en el modelo unos y otros, han decidido volar el modelo, sin una somera reflexión, sin un análisis sólido de las necesidades y las reformas a introducir en una economía en la que la debilidad del sector de la construcción ha dejado al descubierto la debilidad estructural del sector industrial y de los servicios.

La ministra Garmendia dice que hay que cambiar construcción por innovación, que es lo que han hecho empresarios en muchas zonas de España cuando han transformado pedregales y tierras improductivas en espacios residenciales y turísticos de alta calidad, porque aquí, donde la memoria, la actual no la histórica, es pasajera y voluble, se olvida con facilidad lo que había antes, que era una estampa de burritos de Rute, botijos y miseria rural.

España necesita más población. Tenemos una baja densidad de población, 91,2 habitantes por km2, muy inferior a la de Alemania (230 habitantes por km2), a la de Italia (198) y a la de Francia (95,9), que son los cuatro países que ha reunido Sarkozy para liderar una respuesta conjunta europea. Tenemos que continuar con las mejoras de nuestras infraestructuras, aun sin fondos europeos, y hay que regenerar espacios urbanos y edificios por toda la geografía de nuestras ciudades y pueblos. Para eso se requiere Estado y liderazgo y sobran burocracias administrativas, corrupciones y corruptelas de políticos que ejercen poderes ilegítimos. Y el modelo que hay que regenerar, como ha dicho Rosa Díez desde su independencia individual, es el de nuestra democracia, envejecida en las entretelas de los partidos y que ha situado en el poder y en la oposición la peor promoción de políticos de su corta historia.


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