Mientras Zapatero sigue enredado como un gato en la madeja de la crisis económica que para él nunca existió, en el PP han entrado en un extraño éxtasis de complacencia, convencidos de que la gravedad de los hechos y las carencias del presidente y de su Gobierno les están dando la razón y que, a partir de este momento, todo será como coser y cantar. Y, como dicen por ahí algunos observadores de postín, de buena se ha librado Rajoy al perder las elecciones del pasado mes de marzo, porque, si la crisis económica les estalla en las manos a la derecha política, el PP tendría garantizados otros doce años fuera del PP, porque la misma izquierda que negó la crisis luego le habría saltado a la yugular.
En fin, no hay mal que por bien no venga, pero cuidado con dormirse como la liebre de la fábula, mientras la tortuga avanza a su ritmo y sin cesar, algo muy propio de Rajoy, que a lo mejor piensa que ya está todo hecho. Pues no, porque lo de la crisis es imprevisible, y porque algunos analistas dicen que su rápida caída puede traer una rápida recuperación, y si por casualidad llegara ese ansiado milagro, Zapatero, tras hacerse unas triunfales fotos con Obama en la Casa Blanca, volvería a tener su tercera oportunidad. Por eso más vale que en el PP no se tumben a la bartola sino, más bien al contrario, que estén atentos, refuercen su primera línea de combate y salgan a dar la cara y a por todas y en todos los frentes, empezando por la prueba de fuego de las elecciones europeas del 2009, que están a la vuelta de las Navidades, y éstas a la vuelta de la esquina y sin pavo ni turrón.
Estamos hablando de Alberto Ruiz-Gallardón, el alcalde de Madrid, que, les guste o no al actual equipo directivo del PP, sigue siendo el político con el mejor y más valorado liderazgo por los españoles, y en consecuencia el que está mejor posicionado para derrotar a Zapatero directamente o para ayudar en su derrota. ¿Cómo? Liderando el cartel electoral del PP en los comicios europeos del 2009, que se van a celebrar cuando la crisis económica y social de nuestro país se encuentre en el centro del túnel del ciclo negativo, lo que puede provocar la primera derrota de Zapatero, o el momento más oportuno para que sus votantes le den un castigo votando a otros o quedándose en su casa contando las musarañas y soportando el paro y todos los problemas de las hipotecas, colegios y vacaciones.
Que Rajoy sea un hombre tranquilo y un hábil estratega, al menos en el PP, que tras dos derrotas electorales se ha vuelto a alzar con el liderazgo, eso no quiere decir que no tenga ambición y que no quiera ver ni a Gallardón ni a Aguirre (aunque el primero le fue más leal, cuando el gallego los eliminó a ambos de la lista del PP al Congreso de los Diputados) merodeando por los pasillos de la alta dirección del PP, convencido, como parece que lo está Rajoy, de que su sucesor al frente de la derecha española tiene "quince años menos que él". Así se va diciendo en su entorno calculando que él gane las elecciones del 2012 y se quede unos ocho años en el poder.
Más bien al contrario, Rajoy necesita de Gallardón y lo debería nombrar su caballero blanco en las justas europeas del 2009 -lo de Mayor Oreja sería la vuelta al aznarismo-, para que el alcalde de Madrid se bata el cobre con los otros contendientes, lo que supondría tanto como nombrarlo su "delfín" o príncipe heredero en la corte del PP. Título que conseguiría el alcalde en el caso de que gane esas elecciones en las que Rajoy tiene mucho que ganar y mucho que perder, de ahí que faltaría por ver si, llegado el caso, Gallardón aceptaría el desafío. Porque su subconsciente y su ambición le dirán: "Si ganas las europeas, eso beneficiará a Rajoy en el 2012, y no habrá relevo en el congreso del PP del 2011; más si las pierdes, el derrotado lo serás tú y no Rajoy, que seguirá tan campante hacia las elecciones generales del 2012".
Vamos por partes. A Rajoy le interesa tener a Gallardón como su Lancelot en el torneo europeo del 2009, incluso a sabiendas de que este campeón, si sale vencedor, optará a la mano de la reina Ginebra, cosa que al rey Arturo nunca le importó demasiado, siempre y cuando permaneciera como rey. Y a Gallardón le interesa y ¡le hace falta una victoria nacional! para ponerse el título de delfín del PP, recorrer toda España, hacer equipos (que hoy no tiene) y poner a prueba su liderazgo y capacidad, saliendo a navegar por el salado mar de las tierras españolas, y abandonando, de una vez, sus dulces aguas del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid (esas que Esperanza y el chino de la coleta blanca quieren privatizar, en el solo beneficio de aún no sabemos quiénes). El dilema es muy sencillo: o delfín del trono del PP, o Flipper en Madrid, saltando alegremente por los aros de la Olimpiada.
Vamos a ver, en esta guerra de patriotas que se ha convertido la política, ¿acaso no es España lo más importante? Otrosí, ¿acaso no es, tal y como dicen en el PP, Zapatero un peligro público y notorio? Entonces ¿qué esperan Rajoy y Gallardón para unir sus fuerzas en pos de la reconquista del poder? Las elecciones europeas son una excelente oportunidad, y fácil, dadas las circunstancias políticas, económicas y sociales, y puede que ése sea el motivo por el que Rajoy no considere imprescindible a Gallardón y quiera sacarse a alguna de sus mimadas "doncellas" para la cabecera del cartel del 2009. Pero eso sería una temeridad, por dejar en el banquillo al mejor de sus caballeros, y si finalmente pierde entonces el congreso del PP del 2011 se volvería contra él. De manera que la mejor opción, y todo el mundo lo sabe, no es otra que Gallardón.
Y para el alcalde también, y además todo eso es compatible con la Alcaldía, la Olimpiada y lo que le echen. O ¿acaso dará Gallardón un paso atrás si se lo pide el partido para una cita tan crucial, para luego intentar el liderazgo del cartel en las elecciones generales del 2012. Rajoy y Gallardón deben hacer lo que deben hacer. Aparecer ante la sociedad, en este momento de crisis de liderazgo de Zapatero y del PSOE, de la mano como el uno y el dos del PP de una manera decidida y oficial. Todo lo demás será una grave irresponsabilidad y un riesgo para el partido que ninguno de los dos debería correr. Allá ellos, que son muy suyos, pero dicho está para quien lo quiera oír y meditar.