El paquete de rescate económico fue
in extremis
aprobado por la Camara baja de Estados Unidos. Ha costado 12 días de nervios, un desplome histórico de la Bolsa, advertencias apocalípticas y ampliar el plan de rescate de 3 a 432(!) páginas.
En Estados Unidos, el presidente Bush se libra de una última sonorísima bofetada, pero la crisis favorece a menos de un mes de la votación al candidato del partido contrincante, a Obama. La gente parece verlo mejor preparado que McCain para enfrentar un proceloso mar económico.
Mientras de la palabra crisis se va pasando ya sin pudor a la más ominosa de recesión, en Europa, que nos afecta, hay más ataques a la alegría reguladora de las autoridades de Washington. La veda de Estados Unidos, en definitiva, parece haberse abierto en una nueva parcela. El ministro alemán de Finanzas pregona abiertamente que los hechos muestran que ha llegado el fin de Estados Unidos como superpotencia financiera. Otros, Sarkozy, son más prudentes. Los acontecimientos alteran las perspectivas electorales. En ciertos países, por la lentitud en adoptar medidas, por negarse los dirigentes a admitir gravedades obvias, la situación castiga en intención de voto a los gobiernos. En otros, paradójicamente, los favorece.
El ejemplo más evidente de esto último es Gran Bretaña. El papel de su hasta hace semanas desprestigiado primer ministro Brown ha subido con los acontecimientos. Con fuertes problemas inmobiliarios, con el peor paro de los ultimos nueve años, etc., Brown repite con aplomo que él es el único que tiene la experiencia para savar al país del precipicio. Que sus largos años como floreciente ministro de Finanzas con Blair, cuando la nación alcanzó un increíble "boom", lo avalan.
Sus enemigos pueden razonablmente argumentar que la persona que dice que los va a retirar del abismo es la misma que los condujo a él, pero el hecho es que los ciudadanos británicos han comprado ya parcialmente la tesis de Brown. Los laboristas, rezagados en las encuestas, han reducido a la mitad en las últimas semanas la sideral distancia que los separaba de los conservadores. Ahora están a nueve puntos, lo que alguién podrá describir como que Brown sólo ha pasado del infierno al purgatorio, pero un creyente optimista puede replicar que del purgatorio se sale.
La cuestión ahora es si los británicos, en las elecciones de dentro aproximadamente de un año, prestarán atención a la advertencia de Brown de que no es el momento de entregarle el poder a un pipiolo o si su escalada en las enecuestas es flor de semanas. Unas elecciones parciales en Escocia dentro de un mes serán un buen test.