Desde la caída de la URSS, la máxima representante de la Casa Imperial rusa, la Gran Duquesa María Románova, nacida en Madrid en 1953 y residente desde entonces en España, había pedido insistentemente la rehabilitación de la familia del zar. En su opinión, Nicolás II y su familia fueron víctimas de un "crimen político", ya que los bolcheviques consideraban al zar "enemigo de clase".
En cambio, la Justicia rusa se negaba, hasta hoy, a rehabilitar a la familia real al considerar que no había base legal para considerarlos víctimas de una campaña de represión política bolchevique.
La decisión tomada por el Tribunal Supremo parece, a todas luces, política, ya que la rehabilitación permitirá al actual Estado ruso evitar su parte de responsabilidad por el asesinato de la familia real.
La Justicia rusa mantuvo desde un principio que no podía tramitar el caso, aduciendo que la legislación rusa sobre rehabilitación, promulgada en 1991, sólo contempla los procesos políticos ocurridos durante el poder soviético, una vez instaurado. Nicolás II fue detenido antes de la revolución de Octubre de 1917; en concreto durante el Gobierno provisional dirigido por Alexandr Kerenski, que surge de la llamada Revolución de Febrero de ese mismo año, que acaba con el sistema monárquico y proclama la República.
El zar y su familia fueron arrestados cuando aún no había sido instaurado de forma oficial y efectiva el poder soviético y en plena guerra civil entre rojos (bolcheviques) y blancos (zaristas), con lo que la URSS no puede ser considerada responsable porque oficialmente no existía.
La Fiscalía rusa mantuvo durante los últimos años que el zar no fue asesinado por violar la ley soviética, sino "como jefe del Estado Ruso, cargo que ejerció durante 23 años" (1895-1918).
"Homicidio premeditado"
Los descendientes del zar nunca perdieron la esperanza y recurrieron una y otra vez el fallo de la Fiscalía, que insistía en calificar el fusilamiento como "homicidio premeditado".
María Románova, que llegó a amenazar con acudir al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo para hacer realidad sus anhelos de "justicia histórica" negó este miércoles que pretenda la restitución de las propiedades del zar. "Yo siempre busqué la condena del crimen cometido por el estado totalitario para que el terror nunca se repitiera en Rusia. Yo, al igual que mi padre y abuelo, estoy en contra de la restitución", señaló a Interfax.
Por otra parte, el abogado de la Duquesa señaló que la rehabilitación del último zar "es un pequeño paso para el regreso de la Casa de los Romanov a Rusia", aunque para ello el Kremlin debe reconocer a la Casa Imperial como una "institución histórica". En cuanto a las sospechas de que los Romanov pretendan recuperar el trono, la Gran Duquesa insiste en que sólo el pueblo ruso en referéndum puede decidir la reinstauración de la monarquía en Rusia.
La Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR), adalid de la rehabilitación de Nicolás II, al que canonizaron en el 2000 como "mártir del Comunismo", también se congratuló por la decisión de la Justicia.
Heridas abiertas
Pese al tiempo transcurrido y el hecho de que tanto el régimen bolchevique que ordenó su fusilamiento como la Unión Soviética ya han desaparecido, las rencillas causadas por su muerte aún no han restañado.
Según los historiadores, Nicolás II, su esposa y sus cinco hijos, entre ellos el príncipe heredero, Alexei, fueron vilmente ejecutados en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918 en un sótano de la casa Ipatiev, en la localidad de Yekaterinburgo (Urales) y sus cuerpos escondidos en un bosque. El fundador de la URSS, Vladimir Ilich Lenin, había intentado acabar con el zar en 1903 para vengar la muerte de su hermano, Alexandr Ulianov, ahorcado después de atentar en 1887 contra Alejandro III, padre de Nicolás II.
Los restos del zar, su esposa y tres de sus hijos fueron hallados en 1979, y tras ser identificados, fueron enterrados en la fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo en 1998.
En agosto del pasado año, arqueólogos rusos hallaron también los restos del zarévich Alexéi y la gran princesa María, que están siendo sometidos a pruebas genéticas antes de recibir sepultura junto a su familia.