Al pobre de Fernando Martín, el de la suspensión de pagos de Martinsa y Fadesa, le hicieron no hace muchos días un controvertido homenaje en el restaurante Zalacaín de Madrid notorios y habituales comensales de los cinco tenedores de la capital, los que viajan de Horcher a Jockey, y de allí a Goizeko, para acabar en Zalacaín. Pero este festolín, que amenizó Kiss FM con música popular, se lo apropió Paco Hernando, el Pocero de Seseña, que figura en muchas de las quinielas como el próximo muerto vivo de la crisis financiera e inmobiliaria nacional.
Aunque el Pocero, este personaje tan peculiar, que alardeó en la comilona de tener a Pedro J. en el bolsillo, gracias a que comió con Casimiro -al que luego se enfrentó en Onda Cero,
Herrera en la Onda-,
ante las acusaciones de algunos comensales -medio en broma, medio en serio- sobre si podía estar en quiebra y si ya tiene en venta su yate, el
Titanic,
y ese avión tan hortera que parece un Jumbo, declaró que él ya se ha arruinado dos veces, pero que esta vez no le pillan y seguirá comiendo caviar y enviando, de vez en cuando, una latita al que te conté.
El Pocero, ya lo veremos, es carne de cañón y está empeñado en sacar la cabeza por todos los medios de comunicación, no sabemos si para ver si vende lo de Seseña a los primos de la Comunidad manchega y si con eso le tapan la boca y no larga de Bono, de quien no para de hablar. O si con ese ruido que organiza y lo contento que está con ser famoso y que lo paren por las calles para pedirle autógrafos pretende dar imagen de fortaleza, en un tiempo en el que muchos se tendrían que aplicar el dicho aquel: "Detrás el vallao, callao".
¿Quién es el muerto? ¿Tiene nombre de Caja de Ahorros, o de un banco de tamaño pequeño o regular? A Fernando Martín, que iba, el hombre, a todos los desayunos y meriendas del Gobierno y de la oposición, a ver si los del ICO le soltaban los 150 kilos del ala que le faltaban para renovar todos los créditos, al final unos y otros lo han dejado a los pies de los caballos. Pero sus amigos de cinco tenedores se lo llevan de excursión como las madres ursulinas, que eran muy buenas, se llevaban al campo de paseo a los niños que sacaban buenas notas. Pero en la piscina de los tiburones de postín no hay piedad y al escualo herido se lo acaban comiendo entre los demás sin pestañear. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Pero seguimos sin conocer el nombre del próximo damnificado de la alta sociedad financiera o del ladrillazo, o de las cajas y bancos, donde algunos sacan pecho y andan comprando gangas en el río revuelto de la crisis, pero llevan los calcetines rotos con unos tomates por los que se les escapan los pinreles, mientras siguen aparentando que son los reyes del mambo y que les quiten lo bailao. De momento, los ricos ya van presumiendo por ahí, tal como dice la canción, de que han puesto su dinero a buen recaudo en los bancos más solventes, en oro y en bonos del tesoro de este o aquel país. Y más de uno le ha dado un susto a su banquero amigo y preferido con un "lo siento", pero me llevo la pasta a otro lado y ahí te has quedado.
Porque al final la crisis la van a pagar los de siempre, los que perderán el trabajo y a los que les pillen los ahorros en Lehman, Fortis, Sovereing, o vaya usted a saber, por citar algunas entidades que ya están en el tanatorio o van camino de él. Y ya veremos la que se puede armar en nuestro país como se siga corriendo la voz de que hay que llevarse la pasta de ciertas cajas a otras mayores, o a grandes bancos, que es lo que está pregonando el listo de Zapatero a base de mencionar a unos sí y a otros no.
Lo que puede llevarnos a la situación de que en España la crisis financiera empiece por los peces pequeños y no por los grandes como en Nueva York. Pero como empiece se va a liar. Y, en ese momento, lo del Pocero o lo del próximo muerto se quedará en una simple anécdota comparado con todo lo demás. Pero mientras tanto, adivina adivinanza: ¿quién es el banquero que lleva los tomates en el calcetín? Y añadimos otra: ¿Qué banco recomienda Miguel Sebastián para guardar la pasta? Estén atentos a esta pantalla, no fumen y pongan su asiento en posición vertical que la película de miedo ya está a punto de comenzar.