El Congreso de Estados Unidos acabará aprobando el plan de rescate financiero. No se trata de una conclusión intuitiva sino empírica. Los norteamericanos son eminentemente prácticos, descarnadamente desideologizados, esencialmente eficaces.
Releo estos días apasionantes y vertiginosos algunos enérgicos pasajes de
La democracia en América
de Alexis de Tocqueville, obra inmarcesible de la literatura política, que ayuda a entender las grandezas y las miserias del pueblo de los americanos del norte. Tocqueville escribe en el capítulo X de su libro, bajo el epígrafe titulado "Por qué los americanos se dedican más bien a la práctica de las ciencias que a su teoría", lo siguiente:
"En América se cultiva admirablemente la parte puramente práctica de las ciencias y se ocupan cuidadosamente de la parte teórica inmediatamente necesaria para su aplicación. En eso, los americanos dejan ver un espíritu siempre preciso, libre, original y fecundo, pero en Estados Unidos no hay casi nadie que se dedique a la parte esencialmente teórica y abstracta de los conocimientos humanos."
Es verdad que los demócratas y los republicanos ofician de izquierda y derecha en el imaginario europeo, pero ni los unos ni los otros entienden la militancia desde la disciplina partidista y ambos están lejos de aferrarse a los dogmas ideológicos antes que a las soluciones razonables. Por eso, Estados Unidos ha sido en la historia reciente una hiperpotencia (término acuñado por la inteligencia francesa, siempre recelosa) que, sin mayores teorizaciones, ha buscado la eficacia. Sus oportunas irrupciones en las dos grandes guerras del siglo XX y su papel de gendarme de la democracia durante los años de la guerra fría han sido tan eficientes como, en muchas ocasiones, abruptas.
Con un sentido de la democracia muy utilitario -y también muy auténtico- EEUU no se ha dejado enredar en grandes discusiones filosóficas e ideológicas y ha acudido de frente y por derecho a los problemas. Estamos en una coyuntura tan histórica como otras anteriores y en la que los norteamericanos darán la razón a su exégetas más ilustres. Por eso, es seguro que el rescate financiero que repugna a los abanderados del libre mercado y repele a los que suponen que sólo servirá para librar de sus culpas a los urdidores de esta crisis, será un purgante benéfico para el sistema financiero mundial porque la primera potencia del mundo, después del rescate financiero por un importe dinerario estratosférico, sabrá introducir reformas y correcciones que eviten la reiteración de esta nueva depresión económica. Los norteamericanos siempre han aplicado terapias drásticas, pero también siempre han extraído aprendizajes aleccionadores de los graves problemas con los que se han visto concernidos.
Cuando Sarkozy convoca a los países ricos de Europa a reestructurar el sistema financiero mundial, Estados Unidos ya lo habrá hecho de manera fulminante y sin grandes teorizaciones. Y, como casi siempre en las últimas décadas, los europeos llegaremos tarde, aunque repletos de ideas originales y diletantismos a las citas que la historia nos señala en una agenda que a nuestros dirigentes -lentos, dubitativos, miedosos, ideologizados- les atropella de manera sistemática.
Aconsejo modestamente leer algunos capítulos de
La democracia en América
de Alexis de Tocqueville para comprender que Estados Unidos se rescatará y nos rescatará como lo hizo en otras ocasiones cruciales en nuestra reciente historia.