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29 septiembre 2008

Numero 3.678 Año X

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'La leyenda del indomable'

Daniel Martín

Quizás no sea su más conocida película, probablemente no sea la mejor, pero el filme que da título a este artículo demuestra mejor que ninguno quién era el hoy fallecido Paul Newman. En 1986, Newman recogió un Oscar honorífico por toda su carrera después de siete nominaciones sin premio. La Academia hacía justicia con una de las grandes leyendas de la historia cinematográfica. Al año siguiente, el actor ganó el premio al mejor papel protagonista por su participación en El color del dinero, donde, literalmente, se zampaba a Tom Cruise.

Con Paul Newman fallece una manera de entender el cine. Actualmente las películas las protagonizan casi siempre niñitos inidentificables que se confunden unos con otros, a veces consigo mismos, y que no consiguen atrapar a las mujeres ni a los hombres que van al cine. Newman, con sus infinitos ojos azules, al modo que habían marcado Clark Gable, Cary Grant, Gary Cooper, John Wayne... era una superestrella que llenaba la pantalla y hacía relamerse de gusto a la audiencia con una simple sonrisa. Las mujeres le deseaban, a menudo secretamente, y los hombres querían ser un poquito como él.

Tan grande era Paul Newman que supo aguantar e incluso superar al galán que vino a robarle el puesto de número 1: Robert Redford, once años más joven que él. En Dos hombres y un destino y El golpe, Newman conseguía destacar por encima de su compañero y amigo. Newman desarrolló su carrera durante casi medio siglo, y pocos pueden fardar, como él, de haber seducido a las damas con una soberbia interpretación en Ni un pelo de tonto cuando tenía, nada menos, 69 años.

Newman fue hijo de judío y católica. Como muchos otros compañeros de Hollywood, fue a la universidad para estudiar otra cosa, pero terminó dedicándose a la interpretación tras pasar por Yale y el Actor's Studio de Nueva York. Poco después triunfó en Broadway con Picnic -en el papel que en el cine haría más tarde William Holden- y saltó a la meca del cine donde comenzó una carrera donde se mezclaron, siempre, los grandes papeles con las grandes taquillas. Si en La gata sobre el tejado de zinc o en El buscavidas conquistaba a la crítica, en Marcado por el odio, El premio, Harper o La leyenda del indomable conquistaba el mundo. Luego llegaron sus dos pelis más famosas, las que hizo junto a Robert Redford y George Roy Hill, para saltar a la leyenda, de la que nunca se bajó. Con su muerte a los 83 años, Paul Newman deja a Redford como la última gran estrella del viejo Hollywood.

Paul Newman siempre destacó por su afición al deporte -su padre poseía una tienda de material deportivo-, en especial por el automovilismo, e incluso estuvo metido en política. Jimmy Carter le nombró delegado en la ONU para una Conferencia sobre desarme nuclear. Más tarde, creó una importante fundación y se hizo aún más rico con su gama de aderezos para ensalada, entre los que se encontraba uno que se parece demasiado al gazpacho.

Aun cuando estaba haciendo campaña por un mundo mejor, Newman continuó haciendo cine, algunas pocas veces como director, casi siempre como actor. En los 80 destacan Ausencia de malicia y Veredicto final. Por otro lado, fue un gran padre y devoto esposo de su segunda mujer, Joanne Woodward, junto a la que celebró sus bodas de oro el pasado enero.

Con Newman podría decirse que muere una época. El cine, sin sus ojos azules, los más famosos de la historia de la Humanidad, nunca será el mismo. Descanse en paz.

dmago2003@yahoo.es


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