La cita es de la actriz Sally Field al conocer la muerte de Paul Newman. Hollywood se desmelana en elogios: "La quintaesencia de la clase", titula
Los Angeles Times.
"Figura majestuosa, lo hizo todo y lo hizo bien", dice Arthur Penn, "era lo que hoy no se ve: una buena persona", apunta Susan Sarandon.
Paul Newman, un irrepetible monstruo del celuloide -alguien comenta que haría falta mezclar el ADN de Clint Eastwood y el de Robert Redford para producir algo parecido-, intentó, sin embargo, distanciarse respetuosamente de la meca del cine aún permaneciendo enormemente popular en ella. En algún momento dijo, cuando dejó Beverly Hills y se marchó a vivir a un pueblito de Connecticut, que había que largarse de Hollywood para poder preocuparse de cosas más serias. Ésas serían para él la política -era un progre que criticó la guerra de Viernam y que se llevó una alegría al saber que Nixon lo tenía en su lista de personas detestadas-, las carreras de coches, lo que le divertía más, y la filantropía. Newman tenía un corazón de oro, perdió un hijo trágicamente, descubrió accidentalmente una salsa para ensaladas y creó a partir de ahí un emporio de productos alimenticios que le ha permitido donar nada menos que 250 millones de dólares a causas benéficas.
Hijo del propietario de una tienda de deportes, se dedicó a la escena por no querer trabajar en ella. Su padre tenía un mediocre concepto de él y Newman lamenta que muriese sin haber conocido su éxito. Modesto, manifestaba "no tengo nigun talento natural para nada, esto es todo trabajo y esfuerzo", Newman haría unos 100 papeles en cine, teatro y televisión, y aunque enormemente versátil, creó lo que alguien ha llamado "un antihéroe de alarmante belleza", personajes anticonformistas con, a veces, una veta canalla. El de
Hud,
por ejemplo, tiene mucho de despreciable y narcisista y, sin embargo, hay una clara identificación del espectador con él. Idolo, en efecto, de hombres y mujeres, Newman encarnó, en palabras de la crítica Carina Chocano, "algo que no se ve en filmes hoy en día, una bomba masculina, un personaje que tiene tanto de irresistible como de naturalmente destructor para él y los demás".
Premiado con Oscar por
El color del dinero,
tuvo otras nominaciones,
Camino de perdición
(otro canalla). Un papel que le entusiasmó fue el de
Dos hombres y un destino,
el western más taquillero de la historia y del que él dijo "no es para nada una historia de amor con el personaje de Katherine Ross, es una historia de amor entre dos hombres".
Newman tuvo la suerte de cometer los errores al principio de su vida. Su primer matrimonio y su primera película,
El caliz de plata.
Ésta le espantaba de tal forma que cuando se puso en televisión pagó un anuncio en
Variety
excusandose. Su matrimonio de 50 años con Joan Woodward, a la que dirigió en la oscarizada
Rachel, rachel
y con la que trabajaría en muchas películas, ha tenido una duración infrecuente en Hollywood. Bromista -en una ocasión metió cien pollos vivos en el tráiler del director de una película-, Newman contestaría a la enésima tópica pregunta sobre su dilatada unión con la Woodward, "¿para qué ir detras de una hamburguesa si tengo un excelente bisteck al lado".
Siempre con sentido del humor, tenía sobre su escritorio una carta de un consumidor de su salsa: "Mi novia me dice que aparte de fabricar estas deliciosas salsas usted ha hecho algunas buenas películas. Si tienen la mitad de la calidad de la salsa habra que ir a ver alguna".