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29 septiembre 2008

Numero 3.678 Año X

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DESDE ESTRASBURGO

Paso del ecuador de los Objetivos del Milenio

Josep Borrell

Aunque vivimos pendientes de la crisis financiera y del plan de Bush para evitar a la desesperada una catástrofe económica en las últimas semanas de su mandato, no deberíamos olvidar la extrema pobreza en la que viven miles de millones de seres humanos. Éste es principal desafío de nuestro tiempo y a él se ha dedicado la reunión sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) celebrada el pasado jueves 25 de septiembre en Nueva York, en el marco de la Asamblea General de la ONU.

Como era de temer, el derrumbe de Wall Street, a pocas calles del edificio de la ONU, acaparó más la atención de los líderes mundiales y de los medios de comunicación que la situación en la que se encuentran esos objetivos, justo cuando pasamos el ecuador del plazo fijado para conseguirlos (2015).

Por ello, conviene recordar de qué se trata. En septiembre del 2000 los dirigentes del mundo reunidos en la ONU aprobaron solemnemente la Declaración del Milenio. En ella establecieron los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que debían orientar la acción durante los próximos 15 años: reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre, universalizar la educación primaria, promover la igualdad entre sexos, reducir la mortalidad infantil y la maternal, detener la propagación del sida el paludismo y la tuberculosis, defender el medio ambiente y promover una asociación mundial para el desarrollo.

La conclusión de la reunión de Nueva York es que, en general, el grado de consecución de esos ocho objetivos está siendo muy desigual, con grandes disparidades entre regiones y países. Según los indicadores que se escojan la botella puede parecer medio llena o medio vacía. Pero la conclusión global es que, desgraciadamente, la mayoría de países en desarrollo, y en particular los africanos, no alcanzarán los ODM. Y, además, la lucha contra la pobreza puede ser una víctima colateral de la crisis del sistema financiero occidental.

Cierto que se han producido avances globales en la reducción de la pobreza extrema, se ha reducido la mortalidad infantil, se ha mejorado la educación universal, escolarizando 30 millones más de niños entre 6 y 12 años, y 30 millones de familias más tienen acceso a agua potable. Pero, aunque la proporción de hambrientos ha disminuido, su número absoluto ha aumentado, en parte debido al reciente aumento de precios. Según la FAO, el número de hambrientos ha aumentado en 75 millones en el 2007 y alcanza ya los 1.000 millones a los que hay que añadir 2.000 millones de mal nutridos.

No parece que haya muchos motivos para la satisfacción, sobre todo cuando los niveles globales de reducción de la pobreza que se utilizan no reflejan adecuadamente la realidad puesto que son el resultado, en gran medida, del rápido crecimiento de gigantes asiáticos como China, India, Indonesia o Vietnam.

En Nueva York se ha constatado la mala noticia de la disminución de la ayuda al desarrollo en el 2007. Y aunque la UE ha asegurado que mantiene su compromiso de alcanzar el 0,7% en el 2015, sería necesario incrementar la ayuda a los países en vías de desarrollo en 18.000 millones de dólares anuales entre el 2008 y el 2010, para alcanzar las metas intermedias para el 2010. De estas cantidades, 7.300 millones deberían dedicarse exclusivamente al África subsahariana, que está muy por detrás de la media pese al reciente crecimiento de la región.

Pero, aparte de la siempre difícil contabilidad del número de pobres y de los niveles de ayuda, la constatación más importante de los debates de Nueva York es que el crecimiento por sí sólo no conlleva el desarrollo. Tres factores aparecen como determinantes de los éxitos conseguidos por algunos países en la consecución de los OMD: la situación de y en la economía mundial (el incremento de los precios de las materias primas ha beneficiado a unos países pero perjudicado a otros), la capacidad de los gobiernos para aplicar políticas "domésticas" coherentes con el desarrollo global de su país y la cantidad y la calidad de la ayuda distribuida.

La coherencia entre los ODM es clave para su consecución. Los ODM siguen siendo un marco de referencia válido para el desarrollo hasta el 2015, pero es necesario integrarlos en un contexto más amplio que tenga en cuenta la crisis económica mundial, el aumento de los precios del petróleo y los alimentos y el cambio climático.

Para seguir trabajando en la consecución de los OMD, en Nueva York la UE ha formulado seis recomendaciones:

1) La comunidad internacional debe cumplir con los compromisos de ayuda al desarrollo formulados en foros internacionales como Monterrey, Gleneagles o Heidelgam. Actualmente, el déficit entre lo prometido y lo recibido asciende a 35.000 millones de dólares anuales y, como ya se ha indicado, la ayuda ha disminuido en el 2007.

La distribución de esta ayuda debe mejorarse en términos de previsibilidad, rapidez de desembolso, coordinación, armonización y demandas burocráticas. Este último punto es especialmente importante, con países como Vietnam, que en el 2007 recibieron 700 misiones de inspección de los países donantes (unas dos diarias).

2) Hay que vincular la consecución de los ODM al refuerzo de las instituciones económicas y políticas, teniendo en cuenta las especiales características de cada país y que una misma política no es aplicable en contextos diferentes.

3) Las políticas globales deben ser mas coherentes: regulación del sistema financiero, acuerdos comerciales, barreras a la inmigración poco cualificada.

4) Hay que proteger a los países más vulnerables de las consecuencias de shocks externos que pueden destruir en pocos días el progreso de muchos años

5) Los Estados frágiles merecen una consideración especial. Los "países frágiles" tienen problemas particulares debido a la debilidad de sus instituciones, a menudo a causa de conflictos armados. La condicionalidad de la ayuda en función de los resultados no puede aplicarse a estos países. Hay que combinar recursos financieros, técnicos, políticos e incluso militares para ayudarles.

6) La lucha contra la pobreza seguirá siendo una prioridad más allá del 2015. Para ello será necesario englobar a los ODM en una estrategia de desarrollo sostenible más amplia.

Finalmente, en Nueva York ha quedado también claro que la UE tiene un papel muy importante en la consecución de los ODM. Más allá de ser el mayor donante de ayuda y el principal socio comercial de los países en desarrollo, la propia experiencia de la UE en fomentar el desarrollo a través de la integración económica, la disminución de las barreras comerciales y los fondos estructurales lo convierte en un actor de primer orden en el intento de construir un orden mundial más justo. Un objetivo que no se debería olvidar en estos tiempos de crisis.

josep.borrellfontelles@europarl.europa.eu


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