Aunque el procedimiento no es el más correcto, anunciarlo en un acto de partido, Zapatero va a citar a Rajoy para hablar de lo que preocupa a todos, de economía. Aunque quizá estos dos se llevan menos mal de lo que aparentan, quizá saben que se necesitan y tienen trazadas las líneas de puntos que les interesan a ambos y que sólo ellos conocen.
Desde que Zapatero ocupa la presidencia del Gobierno (cuatro años y medio) ha citado nueve veces a su adversario principal para un encuentro en la Moncloa con fotos y declaraciones, a razón de dos al año. Ninguna de esas citas ha dado resultados apreciables, más bien desacuerdos. En alguna ocasión Rajoy dijo que no sabían para qué le había llamado el presidente. Quizá el único resultado práctico de esos encuentros se produjo cuando acordaron desbloquear el Consejo del Poder Judicial y el Constitucional. Fue entonces cuando Zapatero avanzó a Rajoy que pensaba proponer para presidir el Supremo a Carlos Dívar y ambos guardaron el secreto.
De las citas anteriores no salió nada en limpio, ni la cuestión autonómica, ni la inmigración, ni el terrorismo, ni Cataluña? propiciaron acuerdos transversales de los dos grandes partidos. Pero lo ocurrido en la pasada legislatura no tiene que ser el guión de la actual.
Zapatero y Rajoy van a hablar de economía; los dos saben poco de la materia y la manejan regular; no aprendieron cuando debían y podían y luego sólo repiten lo que les cuentan. Las diferencias de fondo son de menor cuantía, y las de procedimiento, superables si fueran capaces de armar una buena presentación. Aquí no se trata de reeditar unos pactos de la Moncloa (es algo demasiado complejo) ni de apuntar a un gobierno de concentración; serviría con un plan de medidas consensuado para un plazo de tiempo concreto, por ejemplo pactar el próximo Presupuesto con una medidas adicionales consensuadas con las llamadas fuerzas sociales que pueden servir de coartada para las contrapartidas y de argumento de credibilidad.
Quizá podrían encargar a algún tercero fiable, discreto, que les preparara un papel con lo que les une, aquello en lo que están de acuerdo, y otro con lo que están casi de acuerdo, y un tercero con lo que podrían estar de acuerdo a poco que lo intenten, y con todo ello armar un plan que genere confianza y algunas expectativas favorables entre los agentes económicos. Algo que puede interesar a los dos partidos, ahora que andan lejos de citas electorales decisivas y con encuestas que apuntan empate. Abrazarse al adversario sirve para tomar respito y para ganar tiempo, evita golpes insoportables y permite pensar.
Esta décima cita, si llega a celebrarse, podría ser más provechosa que las anteriores, pero eso requiere que les interese a ambos y que lo vean posible.