"La sociedad no son los hombres,
sino la unión de los hombres"
(Montesquieu)
Durante su intervención en el acto de clausura del XI Congreso Nacional del PSPV -una nueva sesión de espiritismo catártico de los socialistas valencianos- ha dicho José Luis Rodríguez Zapatero que "invitará" a Mariano Rajoy para hablar de la crisis y buscar "puntos de encuentro". Con anterioridad a que el presidente del Gobierno manifestara esa pretensión,
La Vanguardia
abría ayer sus páginas de información política con un gran titular: "Rajoy piensa en pactar con Zapatero los Presupuestos para atajar la crisis".
No sería ésta la primera vez en la que el líder del PP, tan aficionado a jugar al billar de muchas bandas, anunciara en un periódico barcelonés alguno de sus escasos movimientos estratégicos o, con más frecuencia, testara desde ellos el impacto social de alguno de sus proyectos en ciernes.
La reciente aprobación por el Consejo de Ministros de unos tan irreales como insensatos Presupuestos Generales del Estado, que mañana mismo Pedro Solbes llevará al Congreso, bien puede ser la señal de salida para una carrera de entendimientos entre el socialista que no gobierna y el popular que no se opone. Según
La Vanguardia,
fuentes próximas a Rajoy aseguran que "hablar de unos nuevos Pactos de la Moncloa quizás sea demasiado enfático, pero la situación no está para paños calientes, ni para la exhibición de triunfalismos pueriles, como ha ocurrido hace unos días en Nueva York".
Eso que siempre que las circunstancias son adversas muchos reclaman, los grandes pactos de Estado, constituye un arma de doble filo. Parece más sabio recurrir a ellos en tiempo de bonanza para, aprovechándolo, hacer grandes transformaciones en los supuestos que orientan la convivencia de una nación; pero, a la desesperada, como quien llama a los bomberos, es tener poca fe en los supuestos de la alternancia democrática y quemar con un solo disparo los dos últimos cartuchos de la canana nacional.
Carlos María Cortezo (1850-1933) -el famosos Doctor Cortezo del callejero madrileño- fue uno de los avanzados del desarrollo sanitario español. Un tipo curioso que hablaba en esperanto con sus colegas internacionales y que llegó a recibir, días antes de la proclamación de la II República, el Toisón de Oro a pesar de haber sido ostentosamente republicano y seguidor de Emilio Castelar. Además de muy interesantes publicaciones médicas nos dejó una serie de reflexiones -
Paseos de un solitario,
un libro raro de encontrar- que nos vienen a cuento para evaluar las posibilidades de un "pacto" entre Zapatero y Rajoy.
Aseguraba quien, también, fue ministro de Instrucción Pública en un Gobierno de Raimundo Fernández Villaverde, que "la colectividad es el recurso mal calculado de los impotentes, que suponen que multiplicando el número de los eunucos puede llegar a producirse una semilla".
Ante tal demoledor diagnóstico médico, que viene a confirmar mis temores políticos, poco puede añadirse. Si suponemos, aunque sólo sea por no perder la esperanza, que hay notas diferenciales entre el entendimiento económico que tienen para España Zapatero y Rajoy, tan poco imaginativos ambos y tan socialdemócratas los dos -tan estériles-, un "pacto" entre ellos sería, más o menos, la media proporcional de sus puntos de partida. Nada con sifón.
La tortilla que debe hacerse exige romper muchos huevos. No es cosa de recortar, para el contento del PP, "un poquito" el temerario déficit presupuestario que maneja el Gobierno ni, en sentido contrario, incrementarlo "otro poquito" desde los más imprecisos y menos explícitos supuestos que, se supone, maneja el PP. Aceptar, a la vista del panorama, cualquier incremento del gasto publico -ya excesivo y desmedido, despilfarrador- con vista a los Presupuestos del 2009 es suicida. Más rotundamente suicida si se hace de común acuerdo entre el PP y el PSOE. Después, ¿qué?
Como bien enseña el Barón de Secondat, la sociedad es la unión de los hombres, pero no necesariamente la de sus líderes.